Inteligencia artificial (IA) e Internet de las cosas (IoT) son términos que, aunque proyectan una imagen futurista y de ciencia ficción son más reales de lo que lo han sido en ningún momento en el pasado. Sin embargo, para que las empresas aprovechen el potencial de la IoT, necesitan combinarla con tecnologías de Inteligencia Artificial (IA), ya que permite a las “máquinas inteligentes” simular comportamiento inteligente y tomar decisiones con pleno conocimiento de causa y con una intervención humana mínima o inexistente.

Mediante la aplicación de las capacidades analíticas de la IA a los datos recopilados por IoT, las empresas pueden identificar y entender patrones y tomar decisiones más fundadas. Esto conlleva diversos beneficios, tanto para los consumidores como para las empresas, como la intervención proactiva, la automatización inteligente y las experiencias con alto nivel de personalización. También nos permite encontrar soluciones para que los dispositivos conectados funcionen mejor juntos y hacer que estos sistemas sean más fáciles de usar.

Ambas tecnologías precisan lograr el mismo nivel de desarrollo para funcionar de manera tan perfecta como creemos que deberían. Los científicos están intentando encontrar formas de obtener software y dispositivos de análisis de datos más inteligentes para que una Internet de las Cosas segura y eficaz se haga realidad. Podría pasar algún tiempo antes de que esto suceda porque el desarrollo de la IA va por detrás del de la IoT, si bien, no obstante, la posibilidad sigue ahí.

Integrar la IA en las redes de IoT se está convirtiendo en un requisito previo para el éxito de los ecosistemas digitales basados en la IoT de la actualidad. Por lo tanto, las empresas tienen que moverse con rapidez para identificar cómo obtendrán valor de combinar la IA y la IC o afrontar su puesta al día en los próximos años.